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martes 11 mayo 2021
arquitectura popular y grafía vasca

ARQUITECTURA POPULAR DEL PAÍS VASCO

CAPÍTULO VII

El caserío vasco no es más que una de las diversas manifestaciones de la arquitectura de este país. Existen otras sumamente interesantes, como son la casa-torre, el palacio, la casa urbana, las puertas en las murallas, casas de pescadores, las iglesias, las ermitas, cementerios, las fuentes públicas, los molinos y ferrerías, etc. Imposible detenernos ante ellas como se merecen; pero al pasar por su lado, en esta nuestra rápida revista, destaquemos algunas de sus características.

La casa-torre. Desde el siglo XIII otros tres siglos de luchas fratricidas dieron origen a estas construcciones de carácter mixto, en parte de aspecto adusto por su índole militar, en parte apacibles por su destino agrícola. Por disposición de Enrique IV fueron arrasadas las torres o por lo menos la parte que de ellos pudiese considerarse como fortín. Más tarde fueron reconstruídas, pero no ya con el aparato militar que tenían en su origen, sino con otro aspecto más tranquilizador, más grato (figuras 33-38). No deja de tener su gracia el contraste entre una y otra parte, la primera de gruesos muros apenas perforados por angosta saeteras, la otra, más liviana, asomándose por ella al exterior la vida del caserío.

El palacio. Aunque subsiste el palacio de tipo rural o sea el que conserva las líneas generales del caserío, por los siglos XVII y XVIII surge un nuevo tipo de construcción palacial que tiene gran importancia por el número y calidad de sus ejemplares (figuras 42-43). Generalmente se trata de construcciones macizas, sin patio central, aunque las hay también con patio, como el palacio de Lazkano en Guipuzkoa.

El palacio vasco tiene un carácter muy peculiar a pesar de ciertas influencias recibidas de otros que le rodeaban; de Francia vino a Guipuzkoa el barroco con sus guardas complicadas enmarcando las puertas y ventanas y sus hierros de intricadas curvaturas en las barandillas de sus balcones (figura 28). El palacio castellano influyó en algunas casas de Araba y en Guipuzkoa, el aragonés en Nabarra y el montañés en Bizkaya.

Dentro de esta serie pueden catalogarse muchas de las casas consistoriales de nuestro país, en cuya planta baja se establecían soportales para paseo en días lluviosos y hasta para juego de pelota en muchos pueblos. En el piso alto, un gran balcón desde el cual las autoridades comunican al pueblo los grandes acontecimientos (figuras 44-45-47).

La casa urbana. Cuando el terreno de los pueblos estaba limitado por el cinturón de sus murallas, había que aprovechar lo mejor posible el sitio disponible para las edificaciones; las calles se hacían del ancho justo para el exiguo tránsito de aquellos tiempos; las fachadas de las casas apenas respetaban en planta baja dicho ancho, mas a partir del primer piso alto y con objeto de ganar superficie edificada, dichas fachadas avanzaban en cada piso que tuviese la casa, por medio de voladizos sucesivos, asomándose más y más hacia la calle, la cual casi quedaba sin vista al cielo, pues los enormes aleros de las casas de un lado y otro de la calle llegaban casi a juntarse entre sí. Estas fachadas en voladizo resultan muy pintorescas (figura 51). Son numerosos los caseríos que a pesar de disponer de terreno abundante, adoptaron también tal disposición para su fachada principal encajada entre dos antas o espolones (prolongación de los muros laterales sobresaliendo de la fachada a modo de cortafuegos), disposición que contribuye eficazmente al efecto decorativo del caserío.

Un ejemplar importante de casa urbana, quizá el más interesante de todos los que en el país se construyeron durante la Edad Media, es la casa denominada Torre Luzea, de Zarauz (figura 36). Esta casa edificada en el siglo XV, tuvo una notable galería de madera volada sobre la fachada. De dicha galería nada queda actualmente, pero todavía pueden verse los canes de piedra en qe se apoyaban las tornaputnas y entramados de la misma y también se conservan las dos antas o espolones que remataban lateralmente la galería. Estos espolones tenían huecos o ventanas para que la galería disfrutase de vistas laterales.

Casas de pescadores. Tienen su sello particular. Ubicadas junto a las rías o radas, en terrenos sumamente accidentados o de gran declive, en zonas donde para vivir en la proximidad del puerto es preciso establecer muchas viviendas sobre poco suelo, no es raro que los edificios adquieran gran altura, de cinco ó más pisos por una de sus fachadas, cuando por la opuesta, debido al desnivel del terreno, quizá no tenga un par de pisos (figura 57). La planta baja se destina a bodega de enseres de pesca, a labores de salazón o a taberna. En cada piso de los altos vive una familia. El balcón es elemento muy útil en estas casas, hace de atalaya desde la cual la familia del pescador observa el cariz del tiempo y el movimiento de la dársena, sirve también de tendedero donde se secan las interminables coladas de esta gente pescadora tan aficionada a la limpieza.

 

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